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Sandra

miércoles, 31 de octubre de 2012

Los dos mundos -Autora, Einyel-

Érase una vez, no hace tanto tiempo, una España en la que el día 31 de octubre, víspera de Todos los Santos, tras la obligatoria visita al camposanto para fregar las lápidas y dejar los centros de flores colocados, la gente se encerraba en casa, los bares echaban el cierre a la caída del sol y desde el torreón de la iglesia las campanas sonaban durante toda la noche con su fúnebre tañido a muerto.
En esa España, se desarrolla nuestra historia. Bueno, en realidad no es nuestra historia, sino la de Vicente, el hijo del albañil, que se encuentra en su bicicleta recorriendo los siete kilómetros que separan su pueblo del de su novia, Elita. Ella ha caído enferma como consecuencia de las primeras lluvias del otoño, y él, siempre galante, ha ido a ver a la muchacha con la que se habla, como se refieren en estos pueblos a esta clase de relaciones. La señora Valentina, la madre de la chica, le ha entretenido de más con las delicias de la panadería y a Vicente sin darse cuenta le ha caído la noche encima.
Así que ahí está él, con su bicicleta, con sus dieciocho años y con un miedo encima que hace que le castañeteen los dientes. ¡Ha oído tantas leyendas sobre esa noche! No debería haberse entretenido tanto, todo el mundo se lo había advertido. Su madre “ que no se te haga de noche al volver, que hoy es mal día para andar por el camino”, su abuela “ hijo, quédate en casa, que los difuntos andan cerca y no todos tienen buenas intenciones”. Pedalea como alma que lleva el diablo, acompañado sólo por el tañer de las campanas y el rechinar de las piedras que rebotan a su paso estrellándose contra el oscuro sendero, iluminado tan sólo por la tenue luz de su dínamo. Los campos tan amigables de día, son ahora sólo inmensas sombras, y los árboles le parecen cernirse amenazadores sobre él.
Se intenta entretener pensando en las típicas puches que tomará esa noche, una papilla dulce y espesa, que untará después, a espaldas de su madre, en la cerradura del vecino como es costumbre en el pueblo. Se ríe sólo de imaginar cómo se las va a apañar mañana para meter la llave, el muy cabrito…
PLAFF, PLAFF, PLAFF. Unos sonoros golpes interrumpen sus maquiavélicos planes de sabotaje. Detiene su bicicleta, pero el ruido ha cesado y sólo se extiende ante él la negrura del horizonte.
BOOM. Apenas ha avanzado unos metros pero ahora sí, el ruido es más fuerte y cercano.
Esta vez ni siquiera se plantea pararse, la finca de la señora condesa no está lejos, quizás le dejen entrar, aunque sólo sea para quitarse un poco el miedo del cuerpo. Sin embargo, de repente, de la nada, emerge en mitad del camino una figura humana, inmóvil, completamente vestida de negro y con un enorme sombrero de ala ancha cubriéndole casi la totalidad del rostro. En su mano derecha sostiene una larga vara de madera, rústica, casi sin tallar, pero terminada en una afilada punta.
El muchacho frena bruscamente a escasos metros de aquel ser, que permanece impasible mirando al suelo. Un tímido hola sale de la boca de Vicente, pero choca contra el dedo acusador del hombre del camino, que sin levantar la mirada, le espeta un sonoro “¡TÚ!”
- ¡TÚ! ¿Acaso no sabes qué noche es hoy? ¿Acaso no te han advertido de los que les pasa a los que andan por los caminos en fechas como la de hoy? Esta noche sólo a los muertos y a los condenados se les permite vagar por estos parajes pero TÚ te has atrevido a molestarlos.
Vicente, lívido de terror, le mira fijamente mientras intenta escudriñar los rasgos de su rostro sin conseguirlo. El hombre mantiene la cabeza gacha, sus dedos son finos y alargados, y sus manos parecen refulgir a la luz de la luna.
- ¿No me irá usted a decir..? - atina, por fin a decir el chico con un leve murmullo- Quiero decir,… que es usted…que está usted…
Pero el miedo le paraliza la garganta, mientras la enorme figura se le acerca silenciosa hasta situarse a escasos centímetros de su cara. Puede sentir su apestoso hálito y un escalofrío le recorre el cuerpo.
- Sólo los muertos y los condenados – reitera el desconocido. Un extraño brillo se refleja en sus ojos cuando levanta la mirada- ¿Acaso necesitas alguna aclaración?
En ese instante dos sombras negras se abalanzan sobre Vicente, un revuelo de faldas negras y uñas afiladas que le tiran de la bicicleta. Agazapado en el suelo como está, sólo atina a oír unas maléficas risas femeninas seguidas de unos agudos chillidos en una jerga extraña, mientras siente un irrefrenable deseo de llorar.
Finalmente cesan los ruidos. Abre los ojos, temeroso, mientras se incorpora lentamente. Las sombras no están, se han esfumado, pero el desconocido sigue frente a él.
- Espero que hayas aprendido la lección. Recuerda, nunca cuentes nada de lo que ha pasado esta noche o quizás volvamos a por ti…de forma definitiva- le dice el hombre mientras pasa por su lado, rozándole el hombro casi con suavidad, para seguir por el camino hasta perderse en la oscuridad.
Cuando Vicente por fin adivina las primeras luces del pueblo no sabe como ha sido capaz de llegar hasta allí, tampoco se entera de la bronca que le echa su madre por llegar tarde. Sólo sabe que pasará la noche con los ojos fijos en el techo y tiritando de miedo, hasta que las primeras luces del día consigan apaciguarle.
La mañana siguiente le recibe con los gritos de su madre instándole a desayunar. Se sienta en la cocina, al calor de la lumbre, mientras ella rumia sus sinsabores del día a día. Él no la escucha, atento sólo a hundir el pan en el tazón y con él sus terrores nocturnos.
- Anda “bolo”, termínate ya la leche que “cabalito” te has ido a sentar donde más molestas- le dice ella mientras le barre los pies- Por cierto ¿sabes lo que he oído esta mañana en la panadería?
- No, madre- musita él.
- Pues que ayer robaron aceitunas en los campos de la señora condesa. ¡Tres arrobas y media que se llevaron los muy truhanes! Al parecer vieron a unos forasteros por la tarde rondando cerca del camino y sospechan que hayan sido ellos aprovechando la noche. ¡Madre del Amor Hermoso! ¡¿Dónde vamos a ir a parar?! Oye, ¿tú no verías nada cuando venías de en “ca” la Elita?
- No, madre, no ví nada- contesta cabizbajo Vicente, intuyendo que esa será la historia que año tras año, a pesar de los estragos de la edad en su memoria, contará a sus nietos para que nunca teman a los fantasmas que sólo están en sus cabezas.

17 comentarios:

  1. Si te gustan los blogs gastronómicos, te invitamos a pasarte por nuestra cocina!
    http://juegodesabores.blogspot.com.es/

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  2. Me ha gustado, sobre todo por recrearlo en un pueblo pequeño, igual al mío. Incluso hay aceitunas. Un abrazo.

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  3. Hola!

    Me gustó el relato, sobre todo por las expresiones del final, las que, imagino, son propias de tu región :-)
    No me convence el "érase una vez" y la intervención del narrador, que después no aparece ni a cerrar la historia. También el primer párrafo necesita revisión, pues es una frase demasiado larga y algo confusa.
    Cuando usas comillas en los consejos que le dieron la madre y la abuela, debes usar las otras comillas, «», y para los diálogos debes usar el guión largo. Te sugiero también no usar comillas en los diálogos, sino poner las palabras en cursiva: ‹i›bolo‹/i›, por ejemplo.
    En cuanto a los sonidos onomatopéyicos... No soy muy fanática de ellos, pero si no tienes más remedio que usarlos, convendría que en vez de en mayúsculas los pusieras con letra cursiva.

    Saludos!!

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  4. De acuerdo con Maga, por lo demás, buena lección ha aprendido el mozo, ¿no? Buen relato, Einyel.

    Un beso.

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  5. Tú relato me engancho desde el principio, coincido con las sugerencias que hace Maga, por lo demás me ha gustado mucho, muy buena tu historia. ¡Saludos!

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  6. Coincido con lo que dijo maga. También te recomendaría que pusieras abajo qué significan las expresiones típicas, para los que no saben qué son ;) Por lo demás genial

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  7. ¡Hola Einyel!
    Me gustó tu relato :) me dió un buen rato y me agradó mucho la ambientación de la historia, opino lo que Maga y Deb, me trabé un poco con esas palabrillas, no supe como interpretarlas bien, por lo demás me pareció un buen relato :)
    ¡Gracias por compartirlo con nosotros! ¡un saludo!

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  8. ¡Hola Einyel!
    Enhorabuena por tu relato. Suscribo la opinión de mis compañeros. Los localismos o regionalismos a veces dificultan la lectura de quienes no comparten la misma ubicación geográfica, así que estaría genial que aclararas su significado al final ;)
    De nuevo enhorabuena.
    Un abrazo

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  9. Me ha gustado la historia, sencilla pero contada con encanto. Saludos

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  10. Buen relato, me ha gustado mucho el final, besos.

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  11. ¡WOW! Me sorprendiste para bien, no esperaba ese final, lo creía todo perdido, y me sorprendiste gratamente ¡Un abrazo!

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  12. Muchas gracias por vuestros comentarios y sugerencias, sin duda los aplicaré para los próximos relatos :)

    ¡Saludos a todos!

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  13. La historia es de los mas imaginativa, me ha gustado... Ademas el final lo has bordado, la tan valiosa imaginación nos juega malas pasadas aveces... un beso.

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  14. Einyel: Buena trama y bastante entretenida.
    Cariñosamente: Doña Ku

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  15. Y yo que estaba convencidita...

    Sobre la forma, me gustó la forma en que empieza la narración, hubiera estado bien que el mismo narrador cerrara, ya sabes, lo mismo pero desde la perspectiva externa con que inició.

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  16. Buen relato.

    Las leyendas y creencias de nuestro país, sobre esta noche, son muy ricas y muchas bastante aterradoras, perfectas para recrearlas en un relato como has hecho tú.
    Un saludo.

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  17. Yo soy él y no vuelvo por ese camino nunca más xD

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