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Sandra

lunes, 28 de mayo de 2012

La doble imagen -Autor Rubenson-


Hambre

Sentados en un viejo embarcadero jugueteaban con los pies cerca del agua mientras les rugía el estómago como un león. Vagarsin dinero, sin prisas y sin rumbo tenía sus cosas,y aquella era una de ellas. Ya hacía tres días que se habían comido la última torta de arroz, y desde entonces solo habían podido echarse a la boca un par de saltamontesdespistados. Así que andaban por el mundo, a pesar del aporte extra de proteínas, arrastrándosecomo un par de gusanos en las últimas cuando se toparon con aquel lago.
Y allí estaban, en aquel idílico lugar discutiendola mejor forma de pescar algo sin tener cañas,ninguno lo había intentado antes, cuando uno de ellos advirtió lo que rondaba bajo las roídas maderas del embarcadero.Era un pez, un pez enorme, de casi dos metros.Y brillaba como el oro bajo el intenso sol de mediodía.
-¿Cómo lo hacemos? ¿Saltamos encima? -dijo impaciente el más joven.
-Es muy grande, busquemos un par de palos y…
-¿Te da miedo una trucha grande? -dijo agazapándose en el borde-, además se va a ir.
-Que lo vas a espa…- intento gritar en susurros, pero no terminó la frase. Saúl ya había llegado al agua y le interrumpió gritando “lo tengo, lo tengo, ayúdame”.
Ya es nuestro, pensó Dani, y ante las perspectivascayó en una especie de ensoñación en la que contempló cién formas distintasdecocinar aquel magnifico pez dorado. Hasta que su hermano le devolvió a la realidad,gritando socorromientras era zarandeado, golpeado y sumergido una y otra vez, con tal potencia,que empezó a tenerdudas sobre quien secomería a quien.
-No se te ocurra soltarlo-le dijo relamiéndose-voy a buscar un palo.
-¡Socorro! -gritó nuevamente escupiendo agua.
Dani saltó en plancha sobre la cola del pez, como pudo puso los pies en el fondo fangoso y resbaladizo, consiguiendo sacarla fuera del agua.
-¡Hacia la orilla! -le gritó con fuerza- ¡vamos, ponte de pie ylevántale la cabeza!
No fue fácil, el pez demostrabasu fuerza retorciéndose casi a placer y lanzando bocados sin que apenas pudieran hacer nada. Además,Saúlpudo observar con atenciónla boca llena de dientes retorcidos y puntiagudos que sobresalíanaun cuando ésta estaba cerrada. Yse esforzabamucho más por mantenerla lejos de él que de acercarse a la orilla.
En aquel momento el objetivo no estaba claro y la situación parecía darse la vuelta.Pero el hambre es un gran aliado, y en contra de lo que pueda pensarse, te da fuerzas y tesón para continuar. Así que la cosa continuó hasta que el pez, que no tenía hambre, cedió.
-¡Está bien!- gritó el pez –vosotros ganáis, oficialmente estoy atrapado.
Todo quedó en calma y los hermanos al dejar de ser sacudidosquedaron,paradójicamente, desorientados.
-Digo que os concederé el deseo.¿No es eso lo que queréis?
-¿Cómo?- balbuceó,Saúl, sujetando la cabeza parlante.
-El pez dorado.El de los cuentos clásicos.Estoy obligado a conceder un deseo a quien me atrape-. El pez se ofendiópor no ser reconocido-. Macho eso todo el mundo lo sabe.
Los tres quedaron en un silencio incomodo,donde se dejaba oír el vuelo rasante de las libélulas y los árboles mecidos por el viento.
-Claro que sí- reacciono al fin Dani-¿el pez dorado, recuerdas, Saúl? El cuento de la yaya.
Saúl, hizo memoria por un segundo-Sí, sí, claro, el pez. ¿Y qué podemos pedirle?- le contestó.
- Espera, espera. ¿Es uno para cada uno?- Pregunto Dani.
-No- Dijo el pez, sonriendo con toda la dulzura que le permitían sus desproporcionados dientes.
-La paz mundial- sugirió rápidamente Saúl.
-No, eso no-intentó zanjar Dani-. Yo quiero una casa, que estoy harto de dormir a la intemperie.
-¿Una casa? ¡Tu eres un pedazo de…!
Y nuevamente, en aquel otro preciso momento en el que todo parecía volverse en contra de ellos,el hambre ayudó a que la balanza se inclinase a su favor.
Así que finalmente los hermanos se reconciliaron y fueron felices para siempre, ya que les unía la sangre, las ganas de reconciliarse porque eran hermanos y además el hambre. Y el pez, que sonreía orgulloso por haber sido reconocido por los muchachos, también sonrió contento y feliz hasta el fin de sus días. Que por cierto, fue ese mismo mediodía. Cuando los hermanos decidieron comérselo a la Navarra.

11 comentarios:

  1. Muy diferente al de tu compi, jajaja
    Un relato donde el punto de humor pone de manifiesto que los refranes son ciertos...Mas vale pájaro en mano que ciento volando" jajaja Solo decir que he visto que algunas palabras están juntas cuando deberían estar separadas, pero supongo que sera un error al escribir la entrada...Besisss

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  2. Pues sí, a veces todos los adictos nos confabulamos psíquicamente para el drama y la melancolía, así que siempre es bienvenido el humor sencillo e inocente.
    Me encantó tu relato, y más allá de algún detalle de puntuación sólo menciono lo mismo que Charo, que seguro ha sido accidental.

    Besos!

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  3. Ya veo, Sandra, que el cuento del deseo no les coló a los hermanos, jaja.

    Un beso.

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  4. Un relato muy entretenido, ¿es el mismo pez que cumplió los deseos del leñador?
    Me gustó mucho

    Saludos

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  5. Muy diferente el enfoque que le diste a la imagen, Rubenson.

    Para ser tu primera vez en el grupo de Adictos a la Escritura, me agradó bastante leer tu texto. Ese cuento del pez dorado lo amé.

    Aunque lo más bonito de la historia fue que los dos hermanos al final, tuvieran su casa y fueran felices entre ellos; aunque tuvo un toque de humor negro, cuando al final se comieron al pez por hambre.

    Saludos Karuna ^^

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  6. Rubenson: Siempre se agradece una historia ingeniosa y que hace sonreír.
    Pues gracias por tu buen humor y que sigamos leyéndote.
    Cariñosamente: Doña Ku

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  7. Jajajaja, muuuuuy bueno, Rubenson, me ha encantado xDD Tu ordenador te la tiene jurada con los espacios, eh?

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  8. ¡Qué bueno! Me he reído un montón con la resolución final. Creo que yo hubiera hecho lo mismo, lo primero es uno mismo y luego, si tal, la paz mundial. Que el hambre la sentían ellos en ese mundo.
    Ha sido muy original. Sólo lo que dicen los demás, lo de los espacios. A mí me pasó también con la barra espaciadora de mi anterior ordenador.
    ¡Un besazo!

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  9. Que bien Rubenson, me ha gustado más tu relato. Me divertí leyéndote. Yo tenía un terrible problema con esta imagen, y es precisamente enfocarme en cosas dulces y lindas >_> algo que no se me da XDDDDDD

    Felicidades~

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  10. Jajajaja valiendo, pobre pez que ni porque les ofreció un deseo se salvó.
    Me ha parecido una historia original y graciosa, mira que no me esperaba ni que el pez fuera mágico ni que decidieran comerselo pese a todo jejeje.
    Excelente relato, me encanto, muchas gracias por compartirlo :D

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  11. ¡Hola! Es un relato genialisimo, me encanto el rumbo que tomo la historia,cada que creia saber lo que seguia, le dabas la vuelta, magnifica trama y ese final quedo perfecto :)

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